Estoy perdidamente enamorado
de una mujer tan bella como ingrata;
mi corazón otra pasión no acata
y mis ojos su imagen han plasmado.
Si escudriño en mi pecho, triste creo
que otra hermosa me diera sólo enojos
y si sereno miro, ante mis ojos
su figura gentil tan sólo veo.
Con voz trémula le dije mi cariño;
y sarcástica y cruel exclamó: “¡Niño,
conoces el amor sólo de nombre!”
Y desde entonces sufro lo indecible…
¿Por qué, amada mujer, crees imposible
en un cuerpo de niño un alma de hombre?

La poesía es como un duende mágico que siempre pinta de colores la vida. Qué bueno que existan personas que se esmeran por cultivar y divulgar este arte.