De las más hondas raíces se me alargan tus manos,
Y ascienden por mis venas como cegadas lunas
A desangrar mis sienes hacia el blancor postrero
Y tejer en mis ojos su ramazón desnuda.
En mi carne de estío, como en hamaca lenta,
Ellas la adolescente de tu placer columpian.
-Tus manos, que no son. Mis años, que ya han sido.
Y un sueño de rodillas tras la palabra muda-.
Dedos sabios de ritmo, unánimes de gracia.
Cantaban silenciosos la gloria de la curva:
Cadera de mujer o contorno de vaso.
Diez espinas de beso que arañan mi garganta,
Untadas de agonía las diez pálidas uñas,
Yo los llevo en el pecho como ramos de llanto.

Mis saludos y mi entusiasmo por la actualización del blog, buenísimos los poemas
Gracias Eva que bueno que pudiste entrar. Esta poesía es una joya. Espero todo bien por el trabajo. Saludos