Red social

Esta sección  es para dejar  poemas de poetas contemporáneos que encuentro en las redes sociales.

 

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37 Comentarios

  1. Qué guapa te pones cuando olvidas peinarte…

    Qué guapa te pones cuando olvidas peinarte.
    Y recién levantada.
    Cuando el maquillaje se queda en nada de tanto reír.
    Cuando mis camisetas se convirtieron en tus pijamas.
    Se te marcan los pezones.
    Que maravilla de vistas.
    Y esos pantalones baratos que te hacen unas piernas de puro lujo.
    Menos mal que tú sabes curar.
    Me pones enfermo.
    Cuando tu mirada dice que te encanta pasear conmigo por la noche y que no necesitas nada más.
    Y como nos mira la gente por el parque.
    Es por ti, no se explican cómo puedes bailar caminando.
    Compartir cama es mucho más que sexo.
    Cuando cenamos pizza en el sofá.
    Y callarte a besos cuando quieres destriparme la película de Antena3.
    Qué guapa te pones desde que rompí tu coraza con miles de abrazos.
    Hagas lo que hagas, mientras no cierres los ojos, nunca estará el mundo a oscuras.

    @DEFREDS

    • Muy bueno ese poema, actual y sensible, soy amante de la poesía, nunca había entrado a este sitio, mis felicitaciones, no sé quién eres, me disculpas si soy desconocedora de ti, pero me encantaría que conversáramos, saludos Jany

      • Hola Jany no sé si verás este comentario. Me alegra que te gusten los poemas que he dejado en el blog. Esta sección del blog que se llama Red social es para publicar poemas contemporáneos quizás se me haya pasado alguno más viejo…pero lo que intento es hacer una recopilación de los poemas que leo por las redes y me gustan. Yo no he escrito estos poemas, igual podemos hablar si ese es tu correo. En esta sección no dejo que publiquen comentarios, se me ha quedado la opción la última vez que publiqué. Por cierto somos tocayas. Saludos igualmente

  2. El contexto

    Ella sólo estaba enamorada del contexto.
    Es eso, yo sólo lo sospechaba
    pero el tiempo me lo va confirmando.
    A veces nos enamoramos del contexto,
    de las circunstancias,
    de que esa persona aparezca en un momento
    en que necesitamos ser salvados.
    Y después, queda una historia así, como esta,
    cambia algunas palabras si quieres,
    porque probablemente, en algún momento,
    es tu historia.

    Quedaron en silencio.
    Se miraron y ahí estaba,
    todo en su sitio:
    La música adecuada,
    la temperatura perfecta,
    las miradas electrificándose
    dieron la potencia exacta
    y apareció la luz,
    el deslumbramiento total,
    la ceguera.
    Una copa,
    hablaron de estrellas, de religión, de poetas…
    Y horas después aparecieron los orgasmos.
    Ese era el contexto.

    ¿Y qué es el amor sino eso?

    FRAN FERNÁNDEZ

  3. Y no te lo digo para joder, no…
    Tengo una deuda
    contigo.

    Cada vez que oigo
    esta canción de Sabina,
    la sangro…

    Una deuda,
    mi amor,
    pero también
    una duda:
    no sé
    si me quisiste
    bien,
    mire usted
    por dónde.

    No sé
    si tus llamadas
    interminables,
    a cualquier
    hora del día,
    eran para amarme
    o para saber
    que era
    tuya.

    O si tus regalos
    desbocados
    eran para comprobar
    que yo tenía
    un precio
    (de mierda,
    claro,
    porque pensar así
    sólo puede ser
    basura).

    Y tengo la duda
    exacta
    (es muy fuerte
    tener una duda
    exacta)
    de si tu forma
    de amarme,
    tan animal y
    creativa,
    era fruto
    de tanta pornografía
    consumida.

    Ahora,
    con este hombre
    que apenas maneja
    un móvil,
    pero domina
    la ternura,
    soy feliz
    (y lo amo más que a mí,
    aunque duela).

    Y no te lo digo
    para joder,
    no,
    te lo digo
    para felicitarme
    por haberte
    abandonado.

    Yolanda Saenz de Tejada

  4. EN EL CAMINO (Canción RAFAEL AMOR)

    En el camino aprendí
    que llegar a algo no es crecer,
    que mirar no es siempre ver,
    ni que escuchar es oír,
    ni lamentarse sentir,
    ni acostumbrarse querer.

    En el camino aprendí
    que andar solo no es soledad,
    que cobardía no es paz,
    ni ser feliz, sonreír
    y que peor que mentir
    es silenciar la verdad.

    En el camino aprendí
    que la ignorancia no es no saber,
    ignorante es ese ser
    cuya arrogancia más vil
    es de bruto presumir
    y no quere aprender.

    En el camino aprendí
    que puede un sueño de amor
    abrirse como una flor
    y como esa flor morir,
    y que su breve existir
    fue todo aroma y color.

    En el camino aprendí
    que la humildad no es sumisión,
    la humildad es ese don
    que se suele confundir.
    No es lo mismo ser servil
    que ser un buen servidor.

    En el camino aprendí
    que la ternura no es doblez,
    ni vulgar la sencillez,
    ni lo solemne verdad;
    vi al poderoso mortal
    y a tontos con altivez.

    En el camino aprendí
    que es mala la caridad
    del ser humano que da
    esperando recibir,
    que no hay defecto más ruin
    que presumir de bondad.

    En el camino aprendí
    que en cuestión de conocer,
    de razonar y saber,
    es importante, entendí,
    mucho más que lo que vi,
    lo que me queda por ver.

  5. Crecer

    Crecer es ir haciéndose de piedra,
    que los huesos alcancen su longitud máxima,
    que los brazos tengan exacta la medida
    para no alcanzar ciertas cosas.

    Crecer es arrastrar los cadáveres
    de que los fuiste
    y de los que ya nunca serás.

    Rostros desdibujados en la memoria,
    memoria que siempre olvida
    la voz de las bocas que ya no te acompañan.
    Saber que la pieza de puzzle
    tiene demasiados recovecos
    para llenarlos todos.

    Asumir el vacío.

    Crecer es tener en los ojos un lugar para la niebla.
    Aguantar el peso descalibrado de ser adulto.
    Recordar la infancia como una pompa de jabón
    breve
    ligera
    y frágil.

    Crecer es aceptar que todos tenemos una muerte
    que no está fuera
    que está cerca,
    dentro,
    y que gana terreno en cada paso.

    Crecer es entender que hay que seguir respirando
    por mucho que algunos poemas
    quieran tener

    forma de pistola.

    VÍCTOR BAEZA

  6. Condicionados

    Yo te habría invitado a la inmortalidad,
    porque no existe.

    Habría dado la vuelta
    a tu mundo
    y te habría hecho reversible
    para ver de qué color eres
    cuando te dejas desnudar.

    Habría contado los días
    para no verte
    y olvidado la cuenta en las noches
    que perdiera contigo.

    Te habría invitado a bailar
    sin promesas
    ni futuros
    ni vidas que durasen más de seis minutos;
    -no concibo
    a tu lado
    una existencia
    que no muera
    y resucite
    cada seis minutos-.

    Habría dado las vueltas
    que hiciesen falta
    para conseguir un infinito de finales.

    Después,
    te habría culpado de todos ellos,
    vomitando entre tus ruinas mi pasado
    y ahogándome en la posibilidad
    de despertar mañana
    en pijama
    y a tu lado.

    Nunca he notado tanto la ausencia
    de lo que no llegó a ser.
    Nunca había deseado
    sin querer.

    No sé quién soy

    ni en qué baso lo que hago
    pero habría tasado tu risa en una eternidad.

    Siempre que

    hubieras desaparecido,
    exactamente como hiciste.
    Solo me gustas si te vas..

    ANDREA VALBUENA
    (@algunandrea)

  7. Todo lo perdí

    Todo lo perdí, salvo tu nombre.
    Lo demás se me ha ido poco a poco:
    sudores y palabras, cortas noches,
    la copa del encuentro, negros días,
    los lunes del pecado, los hoteles
    sin vino y la esperanza del invierno.

    Todo fue como el aire de la vida,
    la luna acorralada, el tiempo en blanco,
    las caricias de amor y los papeles
    con versos y las cartas del olvido.
    Las dudas ante el beso, la alegría,
    el amor a las tres de la mañana.

    En todo estabas tú, aunque no eras:
    la atracción de los cuerpos y la sangre
    golpeando el rincón de los insomnios.
    Las calles para andar en tu costado,
    la cintura, los lazos de la carne,
    el camino hacia donde y hacia cuando.

    Por allí–y allí mismo- estaba el frío,
    las tardes de domingo, el sueño a solas,
    las manos como fuego, tiernos labios,
    el abrazo del miedo, las llamadas,
    teléfonos sonando en la penumbra,
    el cielo protector cuando tú estabas.

    Y todo lo perdí. Ya no me queda
    más que el nombre, tu nombre que es ahora
    el recuerdo lejano de un instante.

    RODOLFO SERRANO

  8. Instrucciones para salir del desierto

    Para salir de este íntimo desierto
    hace falta saber que no tiene salida.

    Esperar, caminar, desesperar,
    cultivar la paciencia hasta perderla
    cuando ya todo tú seas pura paciencia.

    Hace falta sentir que el desierto eres tú,
    recordar con irónica ternura
    aquellos días sólo ahora felices
    en que tuvimos fe en los espejismos.

    Ya no hay más corazón que lo que ha ardido.

    No hay manera ni agua ni mañana
    ni oriente ni occidente. No hay estrellas
    que te digan adónde, que te indiquen
    mesías o salidas que no hay.

    Hasta que un día halles
    tus huellas de otros años ante ti
    y comprendas que has dado alcance a tu pasado,
    que ya estás donde estabas,
    que morirás de sed.
    Mira en la arena
    las sombras de los buitres que creiste gaviotas.

    JUAN VICENTE PIQUERAS

  9. No sé bien lo que pasó

    Entonces pudimos haber hecho dos cosas:
    romperlo del todo
    o tratar de arreglarlo de una vez.

    Hasta aquel momento sólo
    habíamos usado la opción equivocada:
    tapar las grietas.

    No sabíamos cómo tomar ninguno
    de los otros dos caminos.
    El primero requería
    salir de los recintos de la cobardía,
    aprender a dar las gracias
    -o a odiar sin titubeos-
    y repartirse los recuerdos.
    El segundo requería
    salir de los recintos de la cobardía,
    aprender a agradecer,
    reconocer la mediocridad que nos amparaba
    y poner de acuerdo los recuerdos,
    sobre todo aquellos que se irían
    fabricando a partir de entonces.

    No sé bien lo que pasó,
    si lo logramos,
    si salimos de la cobardía por la puerta de entrada
    o del amor por la puerta de atrás.
    Sólo recuerdo que nunca suele ser como uno espera
    y que algunas veces pienso que soy feliz.

    MARWAN

  10. Censura
    “Ser cultos es el único modo de ser libres.”

    Yo amo la palabra, las palabras,
    concepto de palabras.

    Me defiendo y ofendo con sus dardos de vientos,
    aunque a veces me dejen
    cicatrices y llagas.

    No quiero más censura sobre ellas,
    no quiero que a la lengua le pongan mordazas.
    Y de una vez por todas
    la dejen desnuda.
    ¡Dejen en libertad a la palabra!
    A mi palabra, a tu palabra,
    a todas las palabras.

    A veces temo , al cantar mis sentimientos,
    que sus mensajes se los lleve el viento
    y por eso las dejo aquí grabadas.

    Pero hay algo peor todavía
    que el viento,
    y que produce indignación y nauseas :
    aún se prohíbe y secuestra la palabra;
    aún se sigue atentando contra muchas verdades,
    manipulando,
    encarcelando,
    asesinando…

    Por respeto a los vivos y a los muertos,
    la lucha de los pueblos,
    la sangre derramada,
    la libertad y dignidad humana…
    penemos la calumnia
    pero no las palabras.

    Benito Gallardo Martín
    Los Corrales, (Sevilla)

  11. LIBERTAD DE EXPRESIÓN
    “Ser cultos es el único modo de ser libres.”
    V. Maiakowski

    La primera noche
    ellos se acercan y cogen una flor
    de nuestro jardin,
    y no decimos nada.

    La segunda noche
    ya no se esconden
    pisan las flores, matan nuestro perro
    y no decimos nada.

    Hasta que un día
    el más frágil de ellos
    entra sólo en nuestra casa,
    nos roba la luna, y
    conociendo nuestro miedo
    nos arranca la voz de la garganta.

    Y porque no dijimos nada
    ya no podemos decir nada

    (V. Maiakowski, poeta soviético, 1893-1930)

  12. “Pobre voz confinada a ser oída en la nada”
    “Ser cultos es el único modo de ser libres.”

    Voces encadenadas
    a silencio tan cruento,
    las almas condenadas,
    el callar es tormento.

    Obrar con libertad,
    garantía majestad,
    libertad de expresión,
    sueño de mí Nación.

    Obstruye el pensamiento
    la maldita censura,
    limita el intelecto,
    es del diablo su hechura.

    El miedo paraliza,
    el cerebro agoniza,
    pobres hombres silentes,
    todos son insipientes.

    Dictadura en la cumbre,
    ya se hizo costumbre,
    legislando se abraza
    la pinche “ley mordaza”.

    Prohibir información,
    cegar puntos de vista,
    la perversa intención
    de “estadistas” fascistas.

    Que la boca cerremos,
    quieren esos cabrones,
    que dientes apretemos,
    “chitón” a las razones.

    ¿Expresarte? . . . ¡jamás!,
    nada puedes decir,
    tal vez se escuchen más
    tus quejas al morir.

    El yugo del bozal
    llegó a la yugular,
    si te impiden hablar
    las ideas desangrar.

    Más, el ser de conciencia
    no lo permitirá,
    pues perdiendo su esencia,
    a servil llegará.

    Un pueblo sometido
    siempre será vencido,
    represión del gobierno
    ¡mandémosla al averno!

    Venturoso aquel día,
    en que, sin cobardía,
    usemos la palabra
    sin censura macabra.

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    Registro INDAUTOR 03-2008-101313351700-01

  13. Ser tu amante no es fácil…

    Ser tu amante
    no es fácil,
    ¿sabes?,
    ni utilizar
    (aunque me arrasen
    los pies)
    los zapatos de
    tacón que
    me regalas.

    Y, para información
    de tus
    neuronas,
    los vaqueros
    ajustados
    (que tanto te
    «ponen»)
    me oprimen
    la sangre
    y el
    corazón.

    Ser tu puta
    exquisita
    todos los martes
    me rompe
    la cuenta de fin
    de mes
    (tendré que
    probar las braguitas
    de los chinos).

    Por eso
    hoy,
    cuando te has ido
    de mi cama
    para volver
    al sexo envidiado
    de tu
    mujer,
    he llorado.

    Obscena y
    frágil,
    rota y
    rota de nuevo
    como una niña
    apaleada
    en el
    suelo de
    tu ausencia,
    he llorado…

    Recordando cuando,
    riéndote de
    tu ingenio,
    con mi sujetador
    de relleno
    entre tus dedos
    (y de setenta euros),
    me has dicho:
    amor,
    te has
    dejado las
    tetas
    en
    el
    salón.

    Yolanda Sáenz de Tejada

  14. RAGAZZO

    La palabra ragazzo, no tiene traducción:
    lo aprendí bajo la luz intensa del verano de Roma,
    aún fascinado por el mármol piadoso
    de la fuente de Trevi; mientras recorría,
    -invisible y absorto- Piazza Venezia.

    Perdido en la conversación sin sentido
    que sostienen los turistas; cansado
    de admirar los estragos del tiempo
    que hace polvo la carne y silencio la piedra,
    me senté en un banco
    a ver cómo la tarde descendía hacia el Trastevere.
    Con ella, envuelta en sus pañales, iba mi alma,
    y alguna ilusión vana como el país del que había llegado.
    (Por entonces había comprendido que la isla
    siempre habrá de dolernos como un cardo, que, pobre,
    se enquista en nuestro pecho).

    La palabra ragazzo, no tiene traducción:
    no la busquéis en vano en los diccionarios,
    no preguntéis por su significado ni en las plazas más nobles,
    ni en las sórdidas tabernas donde el humo del tabaco
    y el olor de la cerveza, se entrecruzan como un cisne invisible
    que te empuja hacia la tentación.
    Los sensuales muchachos de La Habana,
    abiertamente tristes como sus playas,
    nunca podrán ser nombrados con la palabra ragazzi.
    Los alegres chicos de Andalucía, con labios
    que se ofrecen cual carnosas olivas,
    nunca van a reír con la dulce perversidad
    de un ragazzo. Los modernos jóvenes de Nueva York,
    con sus músculos perfectos como el acero que sostiene a su ciudad,
    no pueden abrazar con esa pasión antigua,
    mezcla de sangre
    y lirio tostado por el sol mediterráneo,
    que arrastran los ragazzi.

    El ragazzo se sentó a mi lado en el sencillo banco de Piazza Venezia,
    y la ciudad de Roma, hasta entonces sólo esplendor de ruinas y de sueños,
    fue otra de repente. Tuvo el misterio y el glamour
    que yo había imaginado para ella.
    Habló y apenas pude comprender,
    al extender su mano, firme como los puentes que atravesamos,
    que me invitaba a andar,
    cuando junto a la tarde descendimos hasta el Trastevere.
    Vimos pasar los botes y algún pájaro gris, cual fantasmas románticos.
    Sentimos en nosotros el aroma culpable de los hombres
    que antes se habían amado junto a las calmas aguas.
    Nunca dejé su mano. Nunca dijo su nombre ni quise preguntarle.
    Pudo llamarse Adriano, Fabrizzio, Giuseppe, o Giuliano:
    nombres que siempre dejarían su música en el esmalte de mis dientes.
    Su perfil me acompaña aún como las imágenes de esos jarrones
    que he visto en los museos. Su boca me sigue recordando
    la luna atada sobre el Trastévere. Su pelo descuidado,
    su cuerpo perfecto y dispuesto
    solo pueden caber en esa palabra intraducible: ragazzo.
    Yo aprendí aquella tarde lo que ya Pasolini
    había visto en los pepillos romanos,
    lo que le hacía vivir, cada noche, al borde del abismo,
    siempre dentro del puño pálido y seductor de la muerte.

    Nelson Simón (Pinar del Río, Cuba, 1965)

  15. Salir a verte sin que nadie sepa
    que tu belleza sólo me redime.
    Tu alegría es minero de palabras
    que me ordena las pula y las apile.
    Toda tu lozanía
    es el regalo de las frutas vivas
    que en cerámica fuerza da tu vida.
    Cuanto tu mano al saludar me toca,
    en la frugalidad dese momento
    tengo todo el placer de tu persona.
    En tu risa la piña paladea
    un aire naranjal y en dos aromas
    tu adolescencia tropical vocea.
    Eres el agua nueva que se baña
    en la muelle espiral de mi remanso
    que saltea la sombra de las cañas.
    Caña y piña en un orbe anaranjado
    crucen el nombre junto al agua en vidrio
    que en la mesa del sueño he dejado.
    Toda la lozanía
    que en octavos de tono –paz intensa–
    cifro en sangre poema y poesía.

    Carlos Pellicer
    Le escribió a un joven amante. El secreto está revelado a medias al final del poema (que no tiene ni título ni dedicatoria). Allí está cifrado el nombre del futuro Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz Lozano. Fue escrito en 1931

  16. Nocturno de los ángeles
    a Agustín J. Fink

    Se diría que las calles fluyen dulcemente en la noche.
    Las luces no son tan vivas que logren desvelar el secreto,
    el secreto que los hombres que van y vienen conocen,
    porque todos están en el secreto
    y nada se ganaría con partirlo en mil pedazos
    si, por el contrario, es tan dulce guardarlo
    y compartirlo sólo con la persona elegida.

    Si cada uno dijera en un momento dado,
    en sólo una palabra, lo que piensa,
    las cinco letras del deseo formarían una enorme cicatriz
    luminosa,
    una constelación más antigua, más viva aún que las otras.
    Y esa constelación sería como un ardiente sexo
    en el profundo cuerpo de la noche,
    o, mejor, como los Gemelos que por vez primera en la vida
    se miraran de frente, a los ojos, y se abrazaran ya para
    siempre.

    De pronto el río de la calle se puebla de sedientos seres,
    caminan, se detienen, prosiguen.
    Cambian miradas, atreven sonrisas,
    forman imprevistas parejas…

    Hay recodos y bancos de sombra,
    orillas de indefinibles formas profundas
    y súbitos huecos de luz que ciega
    y puertas que ceden a la presión más leve.

    El río de la calle queda desierto un instante.
    Luego parece remontar de sí mismo
    deseoso de volver a empezar.
    Queda un momento paralizado, mudo, anhelante
    como el corazón entre dos espasmos.

    Pero una nueva pulsación, un nuevo latido
    arroja al río de la calle nuevos sedientos seres.
    Se cruzan, se entrecruzan y suben.
    Vuelan a ras de tierra.
    Nadan de pie, tan milagrosamente
    que nadie se atrevería a decir que no caminan.

    ¡Son los ángeles!
    Han bajado a la tierra
    por invisibles escalas.
    Vienen del mar, que es el espejo del cielo,
    en barcos de humo y sombra,
    a fundirse y confundirse con los mortales,
    a rendir sus frentes en los muslos de las mujeres,
    a dejar que otras manos palpen sus cuerpos febrilmente,
    y que otros cuerpos busquen los suyos hasta encontrarlos
    como se encuentran al cerrarse los labios de una misma
    boca,
    a fatigar su boca tanto tiempo inactiva,
    a poner en libertad sus lenguas de fuego,
    a decir las canciones, los juramentos, las malas palabras
    en que los hombres concentran el antiguo misterio
    de la carne, la sangre y el deseo.

    Tienen nombres supuestos, divinamente sencillos.
    Se llaman Dick o John, o Marvin o Louis.
    En nada sino en la belleza se distinguen de los mortales.

    Caminan, se detienen, prosiguen.
    Cambian miradas, atreven sonrisas.
    Forman imprevistas parejas.

    Sonríen maliciosamente al subir en los ascensores de los
    hoteles
    donde aún se practica el vuelo lento y vertical.
    En sus cuerpos desnudos hay huellas celestiales;
    signos, estrellas y letras azules.
    Se dejan caer en las camas, se hunden en las almohadas
    que los hacen pensar todavía un momento en las nubes.
    Pero cierran los ojos para entregarse mejor a los goces
    de su encarnación misteriosa,
    y, cuando duermen, sueñan no con los ángeles sino con
    los mortales.

    Xavier Villaurrutia

  17. FIEBRE DE CABALLOS

    Cuando te quedas,
    Lidia,
    más desnuda que estas paredes
    yo siento miedo
    de ser una mujer.
    Tengo feroces dientes carniceros.
    Comiérame tus ojos,
    tus rodillas.
    Cuando veo un sauce que se agita
    no me acuerdo de Safo,
    pienso en mí.

    DAMARIS CALDERÓN
    (La Habana, 1967)

  18. Yo no quiero ser recuerdo

    A la mierda
    el conformismo:
    yo no quiero
    ser recuerdo.
    Quiero ser tu amor imposible,
    tu dolor no correspondido,
    tu musa más puta,
    el nombre que escribas en todas las camas
    que no sean la mía,
    quien maldigas en tus insomnios
    quien ames con esa rabia que solo da el odio.

    Yo no quiero
    que me digas que mueres por mí,
    quiero hacerte vivir de amor,
    sobre todo cuando llores,
    que es cuando más viva eres.

    Yo no quiero
    que tu mundo se dé la vuelta
    cada vez que yo me marche,
    quiero que darte la espalda
    solo signifique
    libertad
    para
    tus
    instintos
    más
    primarios.

    Yo no quiero
    quitarte las penas y condenarte,
    quiero ser la única
    de la que dependa
    tu tristeza
    porque esa sería
    la manera más egoísta y valiente
    de cuidar de ti.

    Yo no quiero hacerte daño,
    quiero llenar
    tu cuerpo de heridas
    para poder lamerte después,
    y que no te cures
    para que no te escueza.

    Yo no quiero
    dejar huella en tu vida,
    quiero ser tu camino,
    quiero que te pierdas,
    que te salgas,
    que te rebeles,
    que vayas a contracorriente,
    que no me elijas,
    pero que siempre regreses a mí para encontrarte.

    Yo no quiero prometerte,
    quiero darte
    sin compromisos ni pactos,
    ponerte en la palma de la mano
    el deseo que caiga de tu boca
    sin espera,
    ser tu aquí y ahora.

    Yo no quiero
    que me eches de menos,
    quiero que me pienses tanto
    que no sepas lo que es tenerme ausente.

    Yo no quiero ser tuya
    ni que tú seas mía,
    quiero que pudiendo ser con cualquiera
    nos resulte más fácil ser con nosotras.

    Yo no quiero
    quitarte el frío,
    quiero darte motivos para que cuando lo tengas
    pienses en mi cara
    y se te llene el pelo de flores.

    Yo no quiero
    viernes por la noche,
    quiero llenarte la semana entera de domingos
    y que pienses que todos los días
    son fiesta
    y están de oferta para ti.

    Yo no quiero
    tener que estar a tu lado
    para no faltarte,
    quiero que cuando creas que no tienes nada
    te dejes caer,
    y notes mis manos en tu espalda
    sujetando los precipicios que te acechen,
    y te pongas de pie sobre los míos
    para bailar de puntillas en el cementerio
    y reírnos juntas de la muerte.

    Yo no quiero
    que me necesites,
    quiero que cuentes conmigo
    hasta el infinito
    y que el más allá
    una tu casa y la mía.

    Yo no quiero
    hacerte feliz,
    quiero darte mis lágrimas
    cuando quieras llorar
    y hacerlo contigo,
    regalarte un espejo
    cuando pidas un motivo para sonreír,
    adelantarme al estallido de tus carcajadas
    cuando la risa invada tu pecho,
    invadirlo yo
    cuando la pena atore tus ojos.

    Yo no quiero
    que no me tengas miedo,
    quiero amar a tus monstruos
    para conseguir que ninguno
    lleve mi nombre.

    Yo no quiero
    que sueñes conmigo,
    quiero que me soples
    y me cumplas.

    Yo no quiero hacerte el amor,
    quiero deshacerte el desamor.

    Yo no quiero ser recuerdo,
    mi amor,
    quiero que me mires
    y adivines el futuro.

    Elvira Sastre

  19. Confía en ti

    No te compares con otras, ellas no visten lágrimas con tanta elegancia como tú.
    No caminan en la cuerda floja por la que tu pasas cada día de puntillas sin apenas dejar de sonreír. Sin hacer más ruido que el del aire que te atraviesa y el de los sueños que acumulas y te surcan las venas…
    Ellas no llevan el peso de cien vidas en sus espaldas ni buscan soluciones para llevar al mundo en el bolsillo y tenerlo a mano por si llora, por si se desborda… Por si se siente tan perdido que necesita que alguien le recuerde que hay esperanza. Tú eres esa esperanza, amiga…
    Tan fuerte como las raíces inmensas de los árboles y la suave como sus hojas. Tan rotunda como una ola enorme, tan plácida como una marea dulce que besa la arena.
    No te compares con otras que no libran batallas ni miran a los ojos a sus fantasmas… Ellas no se calzan el miedo para caminar sobre él cada día ni recorren las calles con tus ojos oscuros hambrientos de vida.
    No tienen tus facciones preciosas ni usan tus miradas sabias.
    No buscan nada que no se toque ni deguste, no saben ver la belleza en los rincones como haces tú.
    No saben encontrar las palabras para levantar un imperio cuando se cae a media tarde y conseguir que anochezca en él sin que nadie se entere de que estuvo a punto de fundirse.
    No te mires en los ojos de otras mujeres que no ríen como tú ríes con tus penas y que no susurran y cabalgan sobre bestias hasta dejarlas exhaustas y mansas.
    No te pierdas intentando buscar sus espejos para verte en sus esquinas porque tu cara está en el reverso de las hojas y en el corazón de los que te aman y suspiran por abarcar tu grandeza.
    No escuches a los que no saben qué sueñas ni pierdas tus sueños por más que el tiempo pase y no llamen a la puerta.
    No te compares a diosas de plástico con sueños sin alma y almas sin sueños…
    No desesperes… Estás hecha de selva y de brisa. Suave y salvaje. Del material que imanta las brújulas para no perder el norte… De la madera de un barco que surca mares adversos con una paz inmensa… De un pedazo de luna que brilla siempre, incluso por la otra cara…
    Eres de cielo que se apaga buscando la noche pero regala un rastro malva y rojo.
    Eres de agua clara y de canto redondo en un río que fluye y nunca para.
    Eres de una lluvia espesa y de un sol caprichoso que busca filtrarse por las esquinas.
    No mires atrás porque allí no queda nada…
    No te dejes ahogar por el futuro porque es tan tuyo que podrías columpiarte en él mientras lloras de alegría.
    No te entretengas con personajes secundarios, no te dejes llevar por palabras vacías… Tú eres quién lleva las riendas y escoge los caminos.
    Que nadie que no te merezca te invada por un segundo… Que nadie que no te admire por tu sencillez excelsa se entretenga en tu puerta barrando el paso a los que sí saben verte como eres…
    El camino siempre tendrá curvas… Siempre habrá noche y habrá día.
    Siempre habrá aristas afiladas por donde pases y caras agrias que no sepan entender que la vida es corta.
    No te preocupes por los que naufragan en gotas de agua ni te metas en sus cabezas diminutas…No escuches sus tragedias de diseño ni te arañes por no llegar a comprender lo que sienten…
    Eres demasiado extraordinaria para encerrarte en ti misma, el mundo necesita que sigas adelante y le lleves la contraria a todo lo que no es justo o hermoso.
    Sé que el cansancio, a veces, te habita las sienes y te borra la capa de entusiasmo que siempre llevas puesta. Sé que a veces, cuando el día acaba y estás rendida de domesticar fieras, suplicas ser distinta y no tener que rendir cuentas a tu conciencia siempre firme y honesta… Aunque también sé que de inmediato das las gracias por ser tú y todo lo que eso implica.
    Confía en tus pies, amiga, saben el camino.
    Llevas las respuestas pegadas a la falda y los sueños impregnados en ti.
    Que nadie te ate a nada… Que nada te ate a nadie … Y menos en tus momentos bajos, cuando olvidas que eres hermosa y venderías tu serenidad por un abrazo tibio…
    Eres tan grande, tan inmensa… Que no se ve dónde empiezas ni dónde acabas.
    Eres tan maravillosa… ¡Lástima que no puedas verte así!
    Ni siquiera tú misma eres capaz de hacerte sombra…
    Confía en ti, amiga, eres extraordinaria.

    MERCÈ ROURA

  20. Polvo de estrellas en un bote de Colacao

    Somos el error de un átomo
    que le escribió un poema de amor
    a la molécula equivocada.

    Somos esperma de cometa
    y óvulo de galaxia.
    Somos polvo de estrellas
    guardado en un bote
    de Colacao.

    Fueron necesarios un Big bang
    y millones de años de evolución
    hasta que fuimos capaces
    de robarle el fuego a los titanes
    para inventar el Big Mac
    y el cóctel molotov.

    Somos entidades de carbono
    capaces de crear
    la bomba y el poema.
    La Gioconda y Donald Trump.
    El esquirol y la huelga.
    La ganzúa y la cerradura.
    El porno y la telenovela.
    El castigo y el pecado,
    (después de disfrutarlo)

    Sabemos tanto de perder que
    casi
    consiguen convencernos
    de que ganar
    es algo que ocurre siempre
    en otro barrio.

    Somos las que miran al cielo
    y también
    los que quieren arrancarle las estrellas
    para adornarles el pelo.

    Las que donan vida
    sin mirar a quién.
    Y los que matan semejantes
    por un trozo de tela coloreado

    Somos estatuas de arena
    luchando en el barro.

    Ciegos que se leen
    en las palmas de otras manos.

    Somos hombres y mujeres
    que en lugar de responder
    se aman
    preguntando.

    Somos
    disparejos y obstinados.
    Patéticos.
    Gloriosos.
    Solidarios.
    Desalmados.
    Ingenuos.
    Mentirosos.
    Creativos.
    Destructores.
    Cobardes.
    Arriesgados.
    Prescindibles.
    Necesarios.
    Odiosos.
    Enamorados.

    Somos lo que cualquier Dios
    prohibiría
    por envidia

    y tu madre
    por si acaso.

    Somos lo mejor y lo peor.

    Somos
    estúpidos
    y estupendamente
    humanos.

  21. Mis miedos al aire

    Hoy voy a desnudarme
    ante tus ojos.
    No esperes formas de mujer
    al descubierto.
    Que este desnudo
    es más bonito:
    viene de dentro.
    Son mis miedos
    al aire
    -ojalá viento-.

    Hoy quiero
    (des)quererme hasta salvarme.
    Quizá lo consiga
    si te cuento
    que con dos años le perdí.
    No lo conozco
    si no junto de otros
    los recuerdos.
    Vivo de éstos.
    De los míos, que no tengo,
    los invento.
    Quizá, por eso,
    soy soñadora sin remedio.
    Incluso, a veces,
    me evado
    a un mundo paralelo
    que he creado para él,
    para nosotros.
    Para sentir su abrazo
    como refugio ante
    la vida.

    ¿Y sabes?
    Creo que por eso
    en el amor nunca acierto.
    Desde entonces,
    he querido cuidar y proteger
    a mi familia.
    Que miro
    a mi madre y a mi hermano
    y me duele el aire
    que les roza
    -que diría ella-.
    Y me pondría delante
    para parar balas
    si me aseguran
    que son inmunes ellos
    si es a mí a quien perforan.
    Y puede que, por eso
    busque chicas con problemas,
    indefensas,
    vulnerables,
    complicadas.
    Que piden a gritos
    que las salves o que mueras.
    Y yo,
    que llego con una sonrisa como capa
    sin saber que, al final,
    es a mí a quien disparan.
    Con cada nombre
    muero un poco y vivo más.
    El amor real siempre está
    a la vuelta de la esquina
    y yo siempre
    he sido de salir
    al encuentro con la vida.

    Aún así,
    tengo coraza
    -como todos-.
    De pequeña era tímida
    -quién lo diría-
    pero no preguntaba por él
    por miedo a herirla.
    Me sentía diferente
    por ésta y otras cosas
    (perdóname si no lo digo,
    tienes razón:
    no es un desnudo completo.
    Pero es que yo,
    la ropa interior no me la quito
    si no es para hacer el amor,
    que eso sí es poesía.
    Llámame ‘romántica’ o ‘antigua’).
    Y eso,
    que era introvertida
    hasta que encontré en el humor
    mi coraza o mi salida.
    La forma
    en la que mis dos mundos convivían.
    Un instinto de supervivencia,
    como la lírica.
    Así, te quitas
    a todos los que sin dejar huella,
    pasan.
    Que,
    a quien quiere conocerte
    no le bastan ‘piel’ y ‘risas’
    y quiere descubrir
    qué hay detrás de tu mirada.
    Por qué te ilusionas todavía
    como una niña
    -que tú,
    si has probado la pérdida,
    entenderás que vivir
    cobra otro significado-.
    Y podría contarte también
    por qué hablo sin decir nada
    de mí,
    o hablarte de mi inseguridad
    o de algún complejo.
    Pero mejor cojo mis miedos
    y los tiro al aire.
    A ver si llega
    una mujer huracán
    y se los lleva
    y, por una vez,
    no soy yo
    quien salve a nadie…

    VICTORIA ASH

  22. Víspera de quedarse

    Todo está preparado: la maleta,
    las camisas, los mapas, la fatua esperanza.

    Me estoy quitando el polvo de los párpados.
    Me he puesto en la solapa
    la rosa de los vientos.

    Todo está a punto: el mar, el aire, el atlas.

    Sólo me falta el cuándo,
    el adónde, un cuaderno de bitácora,
    cartas de marear, vientos propicios,
    valor y alguien que sepa
    quererme como no me quiero yo.

    El barco que no existe, la mirada,
    los peligros, las manos del asombro,
    el hilo umbilical del horizonte
    que subraya estos versos suspensivos…

    Todo está preparado: en serio, en vano.

    JUAN VICENTE PIQUERAS

  23. Carta a mar abierto
    VICTORIA ASH

    Cómo decirte…

    Cómo decirte que ella es océano.
    Inabarcable.
    Mis manos son tan pequeñas…
    Cuando la tocan
    desaparecen en sus mares.

    Cómo decirte que la he visto ser
    también aire.
    El que respiro si me falta
    pensando
    en que son otros brazos
    los que la apartan
    de los males de un mundo enfermo
    que yo en mis labios quisiera sanarle.

    Cómo decirte que la he visto ser
    cristal.
    Rota en mil pedazos.
    Dañándose a sí misma
    en cada paso hacia el abismo.
    Creyéndose nada
    sin saber que llenaba todos
    mis vacíos
    con su ausencia
    y, que simplemente al pensarla,
    la vida comenzaba.
    Una y otra vez.

    Cómo decirte que la he visto ser
    polvo.
    Esparcida por el suelo.
    Derrotada,
    que no vencida.
    Porque ella siempre supo
    que caer es de valientes
    si éstos se levantan.
    Porque hacer frente al miedo
    es ganarle la guerra
    a la muerte,
    llegue cuando llegue.

    Cómo decirte que también la he visto ser
    volcán.
    Derramarse sin esperanza
    ni consuelo.
    La he visto en soledad
    arrasar con todo
    y perderlo.
    Quemarlo con amor
    porque no todo está preparado
    para el fuego.

    La he visto ser tantas cosas…
    La he visto perderse en sí misma
    y encontrarse en mí.
    Y también alejarse de mi boca
    para recordarse quién era
    antes de mis labios en los suyos.

    La he visto en tempestad,
    en guerra y en suicidio.
    En sonrisa, en melodía
    y esperanza.
    La he visto siendo salvación
    para los cautos,
    dolor para insensibles
    y pecado en puritanos.
    La he visto tender su mano
    al enemigo
    y llorar por sus heridas.

    La he visto desnuda de mentiras
    y vestida con mis brazos.
    La he visto bailar con el
    corazón entre las manos
    y ofrecerlo
    sin reparos.

    La he visto de todas las formas
    en las que se puede ver
    un alma desnuda
    cuando es pura.
    La he visto y la he sentido
    tan dentro
    que me resulta inconcebible
    guardarme este secreto
    y no deciros que existe.
    Que es real
    y que es libre como el viento.
    Que un día puede posar
    sus alas en tus dedos
    para recordarte
    que has de escribir
    tu historia con tus sueños.

    Créeme, puede pasar.
    Yo la he visto ser océano.

  24. La verdad es la única realidad

    Del otro lado de la reja está la realidad, de
    este lado de la reja también está
    la realidad; la única irreal
    es la reja; la libertad es real aunque no se sabe
    bien
    si pertenece al mundo de los vivos, al
    mundo de los muertos, al mundo de las
    fantasías o al mundo de la vigilia, al de la
    explotación o de la producción.
    Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
    cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
    las flaquezas del amor, por supuesto, forman
    parte de la realidad; un disparo en
    la noche, en la frente de estos hermanos, de estos
    hijos, aquellos
    gritos irreales de dolor real de los torturados en
    el angelus eterno y siniestro en una brigada de
    policía
    cualquiera
    son parte de la memoria, no suponen
    necesariamente el presente, pero pertenecen a
    la realidad. La única aparente
    es la reja cuadriculando el cielo, el canto
    perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
    fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo
    inmenso cubriendo la Patagonia
    porque las
    masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad,
    como
    la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
    estival: son la realidad, como el coraje y la
    convalecencia
    del miedo, ese aire que se resiste a volver
    después del peligro
    como los designios de todo un pueblo que
    marcha hacia la victoria
    o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a
    defenderse, a rescatar lo suyo, su
    realidad.
    Aunque parezca a veces una mentira, la única
    mentira no es siquiera la traición, es
    simplemente una reja que no pertenece a la
    realidad.

    Francisco Urondo
    Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

  25. De repente desperté
    Melendi

    Hoy he soñado que todo es mentira,
    que no existen ni la guerra ni la paz,
    ni los enfermos ni las medicinas,
    que no existen las banderas,
    ni palomas mensajeras.

    Hoy he soñado que todo es mentira,
    que no existen los parados por derecho
    y que el político es de plastilina,
    y que no existe un desastre
    que no arregle cualquier sastre.

    Y de repente desperté
    y cuál fue mi sorpresa
    cuando en el telediario de la 3
    un hombre mataba a sus hijos a palos
    para vengarse así de su exmujer.

    De repente desperté
    y como si de un sueño se tratara,
    vi que el mundo era un papel,
    donde el poderoso pinta garabatos
    para lavarse las manos después.

    De repente desperté
    y como siempre este maldito mundo,
    tan extraño como absurdo,
    tan cruel como taciturno,
    comenzó a andar del revés.

    Hoy he soñado que todo es mentira,
    que en el mundo no existía desigualdad
    y que los niños no mueren de sida,
    y que no existen primeros
    ni últimos por extranjeros.

    Y de repente desperté
    y vi a cuatro individuos en la tele
    peleando por el poder
    mientras en la calle un pueblo esclavizado
    buscaba en la basura pa’ comer.

    De repente desperté
    y vi cómo detrás de un movimiento
    siempre había su porqué,
    que en nombre de la paz vi matar dictadores
    que estaban más que puestos por usted.

    De repente desperté
    y como siempre este maldito mundo,
    tan extraño como absurdo,
    tan cruel como taciturno,
    comenzó a andar del revés.

    Y ahora no sé cuál es el sueño
    y cuál la realidad…
    Pensamos que vamos sin dueño…
    Qué falta de verdad,
    Qué falta de verdad…

    Y no hay peor que el que no quiere ver
    por muy duro que sea mirar.
    Me resulta tan difícil
    creer que existe el destino
    cuando todo el mundo baila
    si cuatro tiran de un hilo.

    Y aunque esta humilde balada
    nunca sirva para nada,
    yo hoy dormiré más tranquilo.

  26. Pueblo Blanco

    Colgado de un barranco duerme mi pueblo blanco,
    bajo un cielo que a fuerza de no ver nunca el mar
    se olvidó de llorar.

    Por sus callejas de polvo y piedra
    por no pasar, ni pasó la guerra,
    solo el olvido camina lento bordeando la cañada,
    donde no crece una flor ni trashuma un pastor.

    El sacristán ha visto hacerse viejo al cura,
    el cura ha visto al cabo y el cabo al sacristán,
    y mi pueblo después vio morirse a los tres,
    y me pregunto: ¿para qué nacerá gente
    si nacer o morir es indiferente?

    De la siega a la siembra se vive en la taberna,
    las comadres murmuran su historia en el umbral
    de sus casas de cal.

    Y las muchachas hacen bolillos
    buscando, ocultas tras los visillos a ese hombre joven
    que noche a noche forjaron en su mente:
    fuerte para ser su señor y tierno para el amor.

    Ellas sueñan con él y él con irse muy lejos
    de su pueblo y los viejos sueñan morirse en paz,
    y morir por morir quieren morirse al sol:
    la boca abierta al calor, como lagartos,
    medio ocultos tras un sombrero de esparto.

    Escapad, gente tierna, que esta tierra está enferma,
    y no esperéis mañana lo que no se os dio ayer,
    que no hay nada que hacer.

    Toma tu mula, tu hembra y tu arreo,
    sigue el camino del pueblo hebreo
    y busca otra luna, tal vez mañana sonría la fortuna
    y si te toca llorar es mejor frente al mar.

    Si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas
    y atravesando lomas dejar mi pueblo atrás,
    os juro por lo que fui que me iría de aquí,
    pero los muertos están en cautiverio
    y no nos dejan salir del cementerio.

    JOAN MANUEL SERRAT
    (España, 1943)

  27. Carta de un león a otro

    Perdona, hermano mío, si te digo
    que ganas de escribirte no he tenido.
    No sé si es el encierro, no sé si es la comida
    o el tiempo que ya llevo en esta vida.

    Lo cierto es que el zoológico deprime
    y el mal no se redime sin cariño.
    Si no es por esos niños que acercan su alegría
    sería más amargo todavía.

    A ti te irá mejor, espero,
    viajando por el mundo entero,
    aunque el domador, según me cuentas,
    te obligue a trabajar más de la cuenta.

    Tú tienes que entender, hermano,
    que el alma tiene de villano
    al no poder mandar a quien quisieran
    descargan su poder sobre las fieras.

    Muchos humanos son importantes
    silla mediante, látigo en mano.

    Pero volviendo a mí, nada ha cambiado
    aquí desde que fuimos separados.
    Hay algo, sin embargo, que noto entre la gente:
    parece que miraran diferente.

    Sus ojos han perdido algún destello
    como si fueran ellos los cautivos.
    Yo sé lo que te digo, apuesta lo que quieras,
    que afuera tienen miles de problemas.

    Caímos en la selva, hermano,
    y mira en qué piadosas manos.
    Su aire está viciado de humo y muerte
    y quién anticipar puede su suerte.

    Volver a la naturaleza
    sería su mayor riqueza,
    allí podrán amarse libremente
    y no hay ningún zoológico de gente.

    Cuidate, hermano, yo no sé cuándo,
    pero ese día viene llegando.

    Chico Novarro
    (Argentina, Santa Fe, 1933)

  28. Canción obvia

    Escogí la sombra de este árbol para
    reposar de lo mucho que haré,
    mientras te espero.
    Quien espera en la pura espera
    vive un tiempo de espera vacío.
    Por esto, mientras te espero,
    trabajaré los campos y
    conversaré con los hombres.
    Sudará mi cuerpo, que el sol quemará;
    mis manos se llenarán de callos;
    mis pies aprenderán el misterio de los caminos;
    mis oídos oirán más;
    mis ojos verán lo que antes no vieron;
    mientras te espero.
    No te esperaré en la pura espera
    porque mi tiempo de espera es un
    tiempo de quehacer.
    Desconfiaré de quienes me digan,
    en voz baja y precavidos:
    Es peligroso hacer.
    Es peligroso hablar.
    Es peligroso andar.
    Es peligroso esperar, en la forma en que esperas,
    porque esos niegan la alegría de tu llegada.
    Desconfiaré también de quienes vengan a decirme,
    con palabras fáciles, que ya llegaste,
    porque esos, al anunciarte ingenuamente,
    antes te denuncian.
    Estaré preparando tu llegada
    como el jardinero prepara el jardín
    para la rosa que se abrirá en la primavera.

    PAULO FREIRE
    (Brasil, 1921/1997)

  29. A media pierna

    Le pusieron un grillo a media pierna.
    Lo condenaron a vivir a medias.
    Le escondieron la paz y la sonrisa.
    Le pusieron el pan a media rienda.
    Pero él seguía caminando.

    Le vendieron la luna cada noche.
    Lo fueron lentamente atornillando.
    Le tuvieron las manos ocupadas.
    Le sumaron la pena y las estafas.
    Pero él seguía caminando.

    Le pusieron las piedras por delante.
    Le taparon la boca, por si acaso.
    Le abrieron una herida por la espalda.
    Le sumaron olvido a la condena.
    Pero él seguía caminando.

    De lejos, bien mirado,
    cuando ya era horizonte,
    se asemejaba al viento,
    aunque según parece
    él caminaba potente
    ¡como el Pueblo!

    Hamlet Lima Quintana

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