Palabras de Paolo al hechicero

Gastón Baquero

Ma se a conoscer la prima radice del nostro amor tu hai cotanto affetto… DANTE, Inferno, C. V.

No hay para nosotros una marcha nupcial,
Ni muestran una alianza de oro nuestras manos.
Nosotros reunimos nuestras soledades desautorizadamente,
Pero sabemos que Dios tiene una respuesta para todo.

No podemos mirar en derredor para pedir clemencia,
Ni hemos de esperar nunca una señal de consuelo.
Con nuestras manos desnudas, manos sin alianzas,
Llamaremos directamente a la puerta de Dios,
Contemplando en la alta noche ese fulgor de las estrellas
Que no preguntan por el cuerpo de quien las mira,
Sino que vibran sólo al sentirse golpeadas por un alma,
Por un alma que pide socorro contra la hostilidad de los hombres.

No podemos mirar en torno: nadie ha de perdonarnos.
Ninguna mano humana acariciará nuestra extraña herida
(Esa herida que Dios mismo tiene que haber hecho).
Solo podemos tú y yo acompañarnos valerosamente,
Y ser yo el castillo donde refugies en la tierra tu soledad,
Y ser tú para mí el amparo que halla en medio del bosque
El ciervo sin cesar acosado por el furor de la jauría.

No hay un himno nupcial para nosotros: somos el espejo de la nada.
Pero yo escucho en torno nuestro toda la música del cielo,
Y cuando estamos tú y yo ofrecidos en nuestra miseria a Dios,
Cuando interrogamos con nuestro sufrimiento al creador de toda herida,
A la luz de todo misterio, a la clave de todo jeroglífico,
Nos bendice desde las últimas estrellas la música celeste,
Y comprendo que sólo Él puede perdonarnos, porque sólo Él nos ama
Y nos comprende, ya que nos ha creado como abismo y misterio, también para su gloria.

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